Harta de ciertas cosas


Ayer junto con el grupo de catequesis empezé a analizar la situación en la que nos encontrábamos. En cabeza estábamos Tasi, Pep Anton y yo; al mando de un grupo de chicos de unos 14-16 años. Mientras nosotros intentábamos sacar el tema del 60º aniversario de los drecehos humanos (10 de Diciembre), ellos se dedicabana a gritar y jugar: se sacaban fotos con el teléfono movil, discutían temas sobre personas ajenas al grupo, gritaban para ver quiént enía más razón... de mientras la paciencia de nosotros tres iba al garete. Había momentos que tenía ganas de ponerme de pie, gritarles y darles una clase de respeto. ¿Y vaya paradoja verdad? Monitores de un grupo de catequesis dando una clase de respeto a alumnos a punto de confirmarse.
Y entonces empezé a recordar cuando tenía su edad. Yo respetaba a mis catequistas, recordar que todos eran jóvenes, y cuando hablaban, apagábamos los móviles.
También hablábamos, que se lo digan a Reix, cuando nos mandában a Isaura, Yago y a mi callar. Pero era diferente. Y dándole vueltas al asunto, vi cómo la sociedad había comido la educación de esos chicos. Como yo crecí leyendo el periódico, escribiendo cartas y debatiendo temas culturales con mis padres. Cómo esos chicos se distraían en su tiempo libre haciendo cosas no propias de sue dad. Y fue entonces que me di cuenta: ha estallado el detonador, y ya no hay vuelta atrás. El mundo social va en decadencia y aunque muchos intentemos salvarlo, éste ya esta enfermo.
Y no consigo entenderlo: yo era feliz hablando con mis padres sobre temas actuales, era feliz leyendo cada día un capítulo del queridísimo Quijote juntos con ellos en voz alta depsués de cenar, era feliz yendo cada viernes noche a estudiar el cielo con mi padre, era feliz aprendiéndome todas als constelaciones, era feliz corriendo por el bosque tras mi hermano. Y de esto hace mucho, pero fue eso y muchas cosas más que hicieron la persona que hoy soy.
Y yo no me imagino mis comidas sin el periódico al lado, mis cenas junto con los magníficos textos de Selecciones que mi padre nos lee a mi madre y a mi, las cartas al director que escribo con mi padre simpre que podemos, las tardes en las que mi padre y yo descubrimos las novedades sobre el satélite en Marte.
Y una sociedad enferma, el remedio está en famílias así. No digo que la mia sea perfecta, somos muy senzillos, siempre atados a la cultura. pero sí damos más importancia a un momento en familia que cualquier de los aparatos tecnológicos que distraen a los chicos de hoy en día.