En esta vida hay tantas cosas por las que uno ha pasado. Tantas experiencias vividas y tan poco tiempo para contarlas.
Lo que realmente me haría feliz, personalmente, es poder contar todo lo que he vivido, y así morir en paz.
Nada más al nacer, somos seres sociales. Consciente o inconsciente, pero siempre con los cinco sentidos expuestos al mundo. Nada más empezar el colegio, somos el futuro de todo un pueblo, una sociedad. Y nada más empezar el adolescencia, tenemos la sensación de comernos el mundo; para llegar a ver en época adulta, que hemos desperdiciado nuestra vida. Y llegar a nuestro lecho de muerte sin haber hecho todo lo que deseábamos.
Tan previsibles, tan senzillos. Tan iguales en el fondo.
Lo que realmente nos hacen diferentes, son todas esas experiencias que hemos vivido. Y yo, por suerte o por desgracia, a mi corta edad ya he vivido muchas. Podría resumir pero sería imposible: Las monjas, Sapalomera, las salas de ensayo, Morralla, Expodiver, mi primer y único amor verdadero, mi trabajo en el camping, Serrallarga, catequesis, salones del manga, Bcn, Almería, mis viajes, teatro, los bares, los conocidos, mis amores extrangeros, mi vida, mis sentimientos, mi yo...
Podría empezar a contar desde que tengo uso de razón, pero se que nadie tendría la curiosidad suficiente como para leerlo. Y yo, queriendolo contar, me voy a ir para no regresar, peor de lo que vine en su día.
Y nada, ahora ya no queda nada. Nada de lo que viví queda en mi. Simples recuerdos, quizás fotografias. Pero ya no volverán a repetirse. Por mucho que quiera volver atrás ya no podré volver para emborracharme una noche que quize hacerlo, no podré cevitar llorar, no podré decirle a un chico que quería estar toda la vida a su lado, no podré pedir perdó, no podré... no podré volver atrás.
Triste, cierto, verdadero. Quizás duro.
Complejo el mundo en el que vivimos, ojalá cada pasa que dieras lo pensaras con la cabeza para descubrir después que no lo habías pensado con el corazón.
Y darte la vuelta, y ver el naranjo donde te subías de pequeña, polvo del polvo.
Y descubir que aquél que te dijo que te amaba y tu no quisiste seguir, siguió su camino sin ti. Y tu ahora te estás muriendo aún con sus recuerdos.
Recuerdos.
Nada.
Nada.
Recuerdos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



